A dos aguas

por Ignacio Merlo

“El problema es que en Capital murieron sólo 7 personas y en la plata más de 50. Entonces, ¿quién nos va a dar bola a nosotros, los inundados de Macri?”. Quien se queja es Estela, 54 años, madre de Lucas y Alejandra, mellizos de 20. “Perdimos todo cuando el agua subió y vimos cómo los recuerdos se fueron muriendo a medida que el agua pasaba”, explica Alejandra, los ojos tristes, las manos entrelazadas, los ojos húmedos.

Marchan hacia la Legislatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en busca de respuestas. Sospechan que no serán satisfactorias. “La gente de Macri se reunió con tres vecinos del barrio y les prometió que van a ver qué pueden hacer. Y yo no necesito que vean qué pueden hacer. Necesito que hagan y que lo hagan ya”, explica desesperado Daniel, comerciante de la zona que perdió todo en la inundación. Y cuando dice todo no escatima. “Mis libros, mis recuerdos. Esto va mucho más allá del costo económico. Yo perdí una porción de mi vida y la de mis hijos”, explica desolado.

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Ni la ilusión

Por Esteban Lleonart

“El agua llegó hasta acá”, dice Carlos señalando una marca en la pared dentro de su casa, a algo más de un metro del suelo. Al tacto, el muro todavía se siente húmedo. Hay cables suspendidos en el aire que atraviesan todas las habitaciones. Para moverse, hay que esquivarlos, agacharse, como si se pasara por una gran telaraña. Carlos, parece, no quiere arriesgarse a que una nueva inundación encuentre a toda la instalación eléctrica en el piso. En la noche del 2 de abril pasó eso. A pesar de que las calles del barrio Los Hornos eran un río sucio y fangoso, y que el agua implacable ya había entrado en todos los hogares, el suministro de electricidad no se cortó en toda la noche. “Por suerte”, dice una vecina. Es entendible, en el frío y oscuridad de la noche, en el medio de la desesperación por la correntada que golpea las puertas y se filtra por todos lados, la luz debe haber sido el único signo de que el barrio no había sido completamente abandonado. Pero quizás era lo opuesto, quizás nadie reparó en el riesgo de electrocución que pesó sobre todo el barrio. Por suerte, sí, pero la suerte es que el agua, tan sin misericordia, se haya apiadado lo suficiente como para no hacer de conductor.

“Mis hijos se subieron ahí”, sigue contando Carlos, y señala una cama cucheta en un pequeño cuarto a la derecha de la puerta principal. “Se quedaron arriba de la cama superior, toda la noche, esperando. ¡No sabés cómo lloraban!” Lo dice casi con resignación.

¿Cuánto tiempo tuvieron que estar hasta que bajó el agua?

“Toda la noche. Unas 12 horas”

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El comedor de Vivi

Bolsas de donaciones

Soleada y templada mañana de Domingo en La Plata. Pasaron 5 días desde la noche de las inundaciones, por la calle 13 todavía se ven vestigios de lo que pasó, grandes charcos de agua, más basura que lo normal, en los alambrados de las casas bastante espaciadas se ven algunas cosas secándose. Pero no solo la inundación pasó por aca, las marcas de goma quemada en el asfalto nos muestran que también pasó la bronca.

por Gonzalo de Pedro

El hospital móvil de la provincia de Buenos Aires está a un lado de la ruta, dos grandes escaleras le sirven de entradas. En la primera una familia sentada, quizás esperando que los atiendan, en la otra una médica asomada. Estos días atendieron muchas personas, no sabrían decir cuantas, de problemas respiratorios y algunos chicos con diarrea. Frente al hospital, separado por una zanja de la banquina y alrededor de medio metro bajo el nivel de la calle se levanta una casita. De material y madera, frágil y humilde. En el frente se improvisó un centro de reparto de donaciones. Dos mesas de 3 metros por medio metro repletas de ropa es escrutada por alrededor de 15 personas, buscan la ropa que necesitan. Del otro lado sobre un auto viejo se armo un improvisado exhibidor de zapatos. Entre la casa y todo esto dos mesas más. Una con productos de limpieza, que dos señoras fraccionan y entregan al que necesite. En la otra se reciben pedidos de ropa más especificos, pañales, lo que sea. La actividad es frenética, todos van y vienen. Una camioneta Ford con un remolque es cargada de ropa y mercadería por 3 hombres. Hay dos autos atrás de ella que también son cargados. Intentando coordinar todo esta Vivi, quien junto con su familia dirige este espacio que ahora es centro de asistencia, pero antes fue comedor y lugar de encuentro para las personas del barrio.

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Día 7: Lo que el agua oculta hasta que baja

Desmitificar, averiguar, meterse hasta el tuétano en ciertas cosas te ponen en un estado de alerta durante mucho tiempo. El día 7 de la cobertura es un relato de los días 1 y 2. Todos los días fueron diferentes, y la cronología no importa demasiado para contar las historias.

Por Daniel Castaldo

Tolosa es el barrio de la presidenta y el barrio donde creció Hernán. Ya no, ahora vive en Barrio Caminito o Ringuelet, nunca se sabe muy bien qué barrio es, en la casa que fue de sus abuelos maternos en 517 y 19, a 3 cuadras del Arroyo El Gato. Él hizo el curso voluntariamente en el Comité de Operaciones en Emergencias. Comité que ha cambiado de depedencia a lo largo del tiempo y hoy depende del Ministerio de Desarrollo Social de Provincia de Buenos Aires, y que cuenta con un presupuesto muy bajo, y con un accionar nulo luego de la tragedia. Nulo porque de los que recibieron el diploma junto con Hernán, tres personas más que están en La Plata, ninguno fue contactado para prestar ayuda post desastre, nulo porque ni siquiera tienen preparado un listado de gente que puede brindar ayuda en catástrofes así. Nulo porque ni siquiera actuó.

Al promediar la tarde del 2 de abril, Hernán publicó en su página de facebook dos cosas. Una, luego de la inundación en los barrios de Capital Federal y alrededores: “Viendo las imagenes de las inundaciones solo puedo recordar al profesor Néstor Zirulnikoff (*) que hace dos años en su clase de interpretación de imágenes meteorológicas nos decía exactamente lo que está pasando con las inundaciones y las obras mal hechas e inservibles que se hicieron, y que seguro dejaron buenas ganancias ¿no, ingeniero?” hay que escuchar a los que saben, pero es mas facil tildarlos de locos “. Un poco después la otra, un aviso para todos sus contactos en La Plata: “lo verde es lluvia moderada así que sigue el alerta se puede dar más lluvia fuerte” (Ver infografía exacta que publicó). Él había visto un movimiento ciclónico en el Servicio Meteorológico Nacional, con lugares en rojo preocupantes, se venía una fea, solo que no sabía como iba a terminar para él y para toda la ciudad de La Plata, ni cuando. Ni se entiende como no hay una política de previsión y alerta de catástrofes naturales que pueda al menos saber que zonas tienen riesgo de inundación, y por consiguiente riesgo de vida, no se puede olvidar uno que hay casas que tienen la marca del agua a dos metros, solo fue lluvia y que encima tardó en subir. No hay políticas de catástrofe ambiental, es estar regalados.

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Fuerza Natural

Por Juan Sebastián Romero.

El sol brillaba sobre la autopista mientras Cruz, Esteban y yo viajábamos apretados para La Plata en una camioneta (pick up) Ford Courier que mi hermano, Facundo, me había prestado para que la ayuda en la ciudad de las diagonales, tras las inundaciones, sea más efectiva. La autopista Buenos Aires-La Plata la había transitado miles de veces, tengo familia platense y suelo ir a visitarla pero no era la misma de siempre. A lo largo del viaje, observé una decena de coches estacionados en la banquina que, para mi sorpresa, no tenían ningún desperfecto técnico si no que muchos de esos autos (re)ajustaban con sogas las bolsas, paquetes y colchones que transportaban en el techo. Renault 18, Volkswagen Gol, Ford Sierra eran algunos de los modelos de autos que repetían esta particular acción. A varios, como yo, les parecía “poco” comprar unos bidones de agua, botellas de agua lavandina y llevarlas a la parroquia o dependencia de algún partido político del barrio, y necesitaban recorrer casi sesenta kilómetros para dar la ayuda de una forma directa y vivir la realidad a flor de piel sin que nadie la cuente, sin que nadie lo tergiverse.

Como de costumbre entré por avenida 32, el destino era el Centro Cultural Olga Vázquez ubicado en 60 entre 10 y 11. Me hubiera gustado tomar diagonal 74 pero no estaba en condiciones psíquicas de circular por allí. Dardo Rocha, el fundador de la capital bonaerense, pensó una ciudad cuadrada pero las diagonales que la atraviesan (para el que no es de ahí) pueden crearte un dolor de cabeza. Decidí ir por el camino más largo. Cuando llegué “al Olga”, así se lo conoce entre los platenses, me esperaban Gonzalo, Daniel, Juan, Luisina y Leila, amigos y compañeros de la facultad con los cuales teníamos la intención de dar una mano en lo que se necesite e investigar como cronistas la movida social que se vivía. “Ponete en esa fila”, me decía Daniel (“Chiqui” para los amigos) mientras me señalaba una cola de autos y camionetas “Es la fila para cargar las cosas, te dan una dirección y salimos”.

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Prohibido Olvidarlos

Sueños, necesidades, pérdidas, incertidumbre, desconocimiento. Los niños sufren todo eso, no son personajes secundarios en esta película, en la cual tampoco hay protagonistas, ni extras, ni antagonistas. O sí, pero saben disimularlo bastante bien.

Por Luisina Fuentes

Según UNICEF, los adultos deben manejarse con calma frente a los niños que sufrieron el temporal del 2 de abril. Sugieren que los ayuden a expresarse mediante dibujos o juegos –sin presionarlos- y no mentirles acerca de lo ocurrido. Si bien la cautela es algo lógico para la mentalidad de cada uno de ellos, la realidad pide pista en todo momento. Ancianos y adultos supieron y saben adaptarse a situaciones límites que la vida misma les ha planteado y no deja de hacerlo actualmente. Pero, ¿cómo se le explica a un infante que hay que cuidar cada cosa porque pronto pueden ser olvidados? ¿Quién los protege de las luchas en las que participan sus papás por conseguir alguna donación? ¿Quién les explica que el agua tuvo una fuerza desconocida hasta el momento para ellos y se llevó a un ser querido?   Sigue leyendo

Lo que queda después del agua

El 2 de abril la lluvia arrasó con todo lo que encontró. Barrios enteros quedaron literalmente debajo de los 300 milímetros que llovieron y el Estado no puede atender a los afectados. Negocios inmobiliarios y el olvido de la importancia primordial del medio ambiente. 

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Por Juan Montarcé

Son sensaciones muy disímiles las que lo atacan a uno cuando llega a la ciudad de La Plata. En un hermoso día domingo, en un hermoso viaje en auto, uno se predispone de determinada manera y es la manera que cada uno encuentra para llegar a donde hay que llegar, y ver lo que hay que ver, que miles están viendo y viviendo hace casi una semana. Las inundaciones del día 2 de abril dejaron a una ciudad prácticamente bajo el agua. Con partes de ella construidas sobre “lugares bajos” o valles de inundación, que no pueden correrse del camino cuando el río y sus arroyos hacen lo que siempre hicieron los ríos y los arroyos, crecer cuando llueve.

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